Manel M. Lora Terapeuta en Palma de Mallorca

AutoConocimiento (AC)

AC es conocerme a mí mismo. Conocer qué hay dentro de mí. Al conocer qué hay en mí, qué funciona y qué no, puedo aportar respuestas cada vez más sanas, creativas y satisfactorias en mí día a día.

Son mis respuestas disfuncionales las que crean situaciones disfuncionales. Si no entiendo esto no me conozco. Viviré como una víctima de las circunstancias y convertiré a otros en culpables.

Otra cosa sería hacerme responsable de lo que llevo dentro. Para ser responsable es necesario que sea consciente y me haga cargo de la forma que le doy a las cosas.

Ser consciente es permanecer Aquí y Ahora. Es no escapar del momento presente. Lo que conlleva aprender a tolerar la disfunción de mis interpretaciones en contraste con una realidad solo experimentable.

-Quédate aquí y observa- le dice el maestro al aprendiz. Todos somos maestros.

No evitar dar con lo inconcreto, no poner la atención en otro lado para esquivar la intensidad de la incerteza. No poner a otros por en medio con culpas, manipulaciones, no banalizar. Aquí y ahora: responsabilidad.

Cuando me doy cuenta de cómo desplazo mi atención para no hacerme responsable, automáticamente dejo de hacerlo, estoy más presente y tengo la oportunidad de conocerme en un encuentro conmigo mismo. Aunque sea incómodo lo que encuentre. Autoconocimiento es cuando la conciencia se reconoce como tal -sin la intervención de la personalidad- y dice “¡presente!”

Cuando estoy en presencia, he decidido no escapar. Pero si escapo y me doy cuenta, puedo decidir volver aquí y ahora, a estar con lo que hay tal cual es.

Al tolerar el encuentro desde la emoción, el pensamiento y el cuerpo, me doy cuenta de mí mismo. Darme cuenta es entender como organismo total.

Si me quedo el tiempo suficiente, podré poner nombre, darle orden y decidir qué hacer con aquello que vivo. Así que AC es hacerme responsable, tolerante conmigo y apelar a mi habilidad de respuesta: respons-habilidad.

Una respuesta tiene que ser sana, amorosa, coherente y creativa. Lo llamamos adaptación creativa o lo que es lo mismo, una respuesta consciente a una situación determinada.

Una reacción no. Reaccionando no soy consciente ni creativo, obedezco a un patrón de resistencia ante el encuentro conmigo. No soy responsable. Cuando una adaptación no es creativa, decimos que surge la neurosis.

Soy neurótico cuando me resisto al presente. Es bien estúpido pretender resistirse a algo que ya es. Aun así lo intentamos. Así nos va.

Cuando estoy A y A soy responsable, no hay manipulación ni de mí mismo (autoengaño) ni de otros (chantaje, culpa, etc). Doy respuesta, no reacciono.

AC, por lo tanto, es el arte de vivir AA, que es el único modo de ser plenamente consciente de mí mismo en contacto con el entorno. De decidir cómo participar en él.

¿Cómo puedo conocerme a mí mismo?

Para conocerme a mí mismo necesito estar presente, atento, disponible y vulnerable.

Libre de juicio. Aquí y Ahora.

Puedo estar AA respirando y prestando a tención a mi cuerpo. Volviendo una y otra vez a la respiración.

Si adquiero práctica, las sensaciones me pueden llevar a “descifrar” mis emociones.

El modo de gestionar mis emociones me dan parte de cómo está siendo mi adaptación a lo que sucede: creativa o neurótica, respuesta o reacción.

La calidad de mis adaptaciones es proporcional a mi nivel de conciencia.

Otra manera es observando qué es aquello que me cuento sobre la situación y si lo que me cuento, siento y hago están en coherencia. Lo cual mide mi nivel de conciencia AA.

O labrar una actitud atenta, curiosa y desinteresada. El juego. Eso me lleva a estar presente también.

Si emito juicios sobre la situación, estos hablarán más de mí que de la situación misma. Igual sucede hacia las personas. Enjuiciar es filtrar y perder la mayor parte del AA.

Aquello que elijo extraer como verdad sobre otra persona no es casualidad. La proyección se frena con dos preguntas sinceras: ¿Qué siento en frente de esta persona? Y ¿Me sirve en este momento o sería más útil en otro tipo de situación? O lo que es lo mismo ¿Dónde evito sentir lo que esta persona me despierta?

¿Y por qué no me conozco?

No me conozco porque estoy ocupando “energía” en donde no toca. Y de la manera que no toca. Manteniendo patrones aprendidos, disfuncionales para el AC.

Por ejemplo, manteniendo asuntos inconclusos. Al ser limitada mi capacidad de atención. Si tengo muchos asuntos inconclusos en mi vida, dejo de tener energía para estar presente. Y tiro  del automático.

A veces, hasta que una sacudida, la enfermedad o el agotamiento no rompen la estabilidad de mi automático, no me daré cuenta del automático. Es como el ruido del aire acondicionado. Se hace tan a la percepción que se va al fondo y desaparece. Luego aparece de nuevo, cuando se ha ido por fin.

Por eso muchos de mis asuntos inconclusos son inconscientes. Están por debajo de la conciencia ordinaria del automático, por prevención. Pero cuando los cierro siento alivio.

Sin embargo, estar AA y encarar lo inconcluso supone una amenaza a la estabilidad de mi automático.

Si no hay estabilidad hay desequilibrio, si me desequilibro, siento que puedo caerme y si me caigo, hay riesgo de dolor. Por eso desarrollo resistencias, para no entrar en lo inconcluso.

Para no tocar lo que está por cerrar, con el tiempo voy a ir cada vez más hacia la superficie, eligiendo una vida cada vez con menos intensidad. Me conviene no tocar resortes intensos.

Igualmente no me quedan muchas opciones, mi energía vital está “hipotecada” en mantener cosas abiertas e inconscientes.

A medida que deje pasar el tiempo, iré acumulando asuntos y necesitaré aumentar la dosis de automático, flotar más en la superficie mientras invierto aun más energía en mantener inconsciente lo inconsciente.

Si cada vez acumulo más asuntos inconclusos, cada vez tendré menos energía y terminaré por colapsar, es decir, enfermaré.

La naturaleza siempre tiende a la vida. Da igual si a costa de la enfermedad de alguna parte. Así que buscará el modo de hacer presente si hay algo inconcluso. Porque de mantenerlo sabe que moriría y la vida no muere, no dentro de mi, antes me enfermará y moriré yo. La vida siempre tiene éxito.  Así que lo inconcluso siempre emerge. La conciencia, tarde o temprano, siempre encuentra la manera de realizarse.

Las resistencias son una medida neurótica para no sufrir. No dirigirme a lo intenso.

No querer sufrir genera al final más sufrimiento porque el organismo quiere estar sano.

Paradójicamente no me conozco porque no me permito atravesar “la enfermedad” que me lleva a la salud. Entonces prefiero una enfermedad estable que una salud impredecible.

¿Para qué me sirve conocerme a mí mismo?

Conocerme a mí mismo me sirve para aprender a ser responsable, estar presente y aliviar la carga de mis asuntos inconclusos.

A medida que voy cerrando asuntos inconclusos voy recuperando energía, capacidad de atención y dominio sobre mis respuestas.

Cuanta más atención, más presencia, cuanta más presencia, más sabiduría y respuestas cada vez más sanas y creativas.

Conocerme a mí mismo reduce mi sufrimiento en el intercambio con el entorno. Pero para reducir al sufrimiento hay que transitarlo.

Transitarlo es percatarme de las resistencias, que son mis reacciones neuróticas ante las situaciones. Las situaciones en sí no me generan sufrimiento, es mi negación a adaptarme a ellas.

Si me puedo conocer por mí mismo, entonces ¿para qué sirve ir a terapia?

Lo mismo se podría preguntar sobre los gimnasios, las escuelas o los templos. Si puedo hacerlo por mí mismo ¿para qué voy?

La terapia es un espacio que favorece tu propia toma de conciencia. El espacio terapéutico es un lugar de experimentación seguro y sin interrupciones. La terapia es una necesidad de la conciencia.

El terapeuta tiene la experiencia, técnica y camino andado en su autoconocimiento como para potenciar el tuyo.

El terapeuta no sabe más de ti de lo que sabes tú. Solo sabe cómo estar presente y sabe cómo hacer que tú lo estés también. Sabe lo que es escaparse y sabe hacer que no te escapes.

Solo puedes conocerte tú, cuando te guía al Aquí y Ahora. Que es el único sitio donde tú Eres plenamente, dónde está todo tu dolor y potencial juntos. Donde se manifiestan las resistencias.

La terapia es una relación profesional y humana que hace que tu proceso de autoconocimiento tenga una guía técnica y experiencial. Para que te sea más llevadera.

La terapia sirve para que en tu proceso avances sin evitar tu sufrimiento, pero también para que no lo alargues más de lo necesario. El objetivo del terapeuta siempre es desaparecer, dejar de ser necesario lo antes posible.

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