Manel M. Lora Terapeuta en Palma de Mallorca

Aquí y Ahora en tiempos convulsos.

La máxima del s.XXI “Aquí y Ahora” corre el peligro de ser occidentalmente minada. No puedo resistir, por lo tanto, poner mi granito de arena para blindar una de las llamadas más profundas y sencillas a la sabiduría humana.

Lo que sigue es una revisión, ya no de un concepto sino de un micromantra que promueve una actitud ante la vida. Vayamos por partes.

Aquí

Aquí indica el lugar que puedo llenar con mi atención. Es el espacio físico donde me encuentro y del que puedo ser plenamente consciente: respiro el aire de aquí, piso justo este suelo de aquí o dejo mi cuerpo apoyado aquí, en esta silla. Aquí. No puedo ser plenamente consciente de ningún otro lugar que no sea Aquí, esto es, con mis cinco sentidos.

Ahora

Ahora sitúa mi presencia en el espectro temporal, o sea, ya. No antes ni después. Justo ahora mismo. Ni si quiera un poquito antes ni un poquito después. Ahora es ya… y ya… y ya… y ya… Ya has llegado. Es el continuo devenir en el que tecleo y a la vez siento las teclas en mis dedos, escucho su sonido, siento el fresco de la mañana en mis piernas mientras descubro las letras apareciendo en la pantalla. Ahora es el único momento del que podemos ser total y plenamente conscientes, con todos nuestros sentidos a la vez.

Diferencias entre uno y otro.

Aparentemente (y más abajo diré por qué), el Ahora es dinámico y el Aquí es estático. Esto significa que el tiempo (donde el Ahora es una constante), sea la medida que sea que utilicemos para medirlo, corre sin que tengamos que hacer nada. Desde el principio de este párrafo hasta esta misma X, por ejemplo, ha trascurrido un tiempo de tu lectura. Y no lo puedes evitar. Ahora bien. He dicho aparentemente porque, en realidad, el Ahora, al igual que el Aquí, tal como los percibimos no son reales.

El tiempo y el espacio no son lo que parecen.

El tiempo

Las medidas de tiempo que tan integradas tenemos, son porciones que recientemente los humanos hemos adoptado para nuestra organización en una vida cada vez más compleja. Los abuelos de los de mi generación, o bisabuelos, observaban la naturaleza para calcular el momento en el que desarrollar cierta actividad. No tenían relojes en la muñeca ni citas en la agenda del Smartphone. El tiempo que hoy conocemos como segundos, minutos, horas, fin de semana o vacaciones de verano, son un compendio de mesuras acordadas que, antes de nosotros los civilizados, es decir, durante la mayor parte de la historia de la humanidad, ni existían.

Por lo tanto, esta estructura segmentada del tiempo, hoy en día tan firme, si la observamos con perspectiva es un constructo moderno. Lo cual nos lleva a que el tiempo que medimos, recordamos y anticipamos es una ilusión voluntaria, una idea, una vara de medir. El tiempo en sí no existe, aunque nuestra mente se empeñe en colocar cosas en ella, no tenemos una sensación física del tiempo como tal, no podemos experimentarlo con ninguno de nuestros sentidos. Solo podemos experimentar plenamente el ahora. Por lo tanto, solo hay algo así como un: ahora… ahora… ahora… ahora… ahora… ahora… infinito.

Probablemente, cazarnos en semejante ilusión es, en nuestra cultura actual, una rareza que no todos se pueden permitir. Porque supone trascender una verdad afincada en nuestra psique, una película sobre la cual hemos fijado fotogramas. En otras palabras, mantenernos en el Ahora es trascender el tiempo.

Y en relación al Ahora, está el Aquí. El Aquí (un punto determinado en el espacio) es estático. ¿Sencillo verdad? Veamos. Si no me muevo, permanezco en este Aquí mientras trascurre el Ahora. De acuerdo. Pero ¿qué ocurre si doy un salto dos metros más allá? Pues curiosamente, si decido moverme, nada cambia, también continuaré Aquí. Es cierto que he avanzado un paso más, pero sigue siendo un Aquí, uno nuevo.

Por consiguiente el Allá (el lugar de más allá) es otra idea que hemos creado para la vida práctica, para calcular nuestros movimientos, por ejemplo. Pero no hay experiencia conscientemente plena (cinco sentidos) de un Allá, por así decirlo. Podemos retener un lugar en nuestra memoria, observar mapas muy precisos de lugares muy lejanos, planear un viaje a ellos, pero no son “Aquís” de los que se pueda ser consciente. Por lo cual, técnicamente, así como el tiempo no existe más que en un Ahora constante, el Allá tampoco más que como un Aquí permanente. De manera que solo existe un: aquí… aquí… aquí… aquí… aquí… aquí… que va de la mano del: ahora… ahora… ahora… ahora… ahora… ahora…

Así que podemos decir que siempre es Aquí y siempre es Ahora.

Hemos dicho que el tiempo como fenómeno “dinámico” no existe, que solo es una ilusión que creamos a partir de la división del Ahora continuo en porciones pactadas. Bien, pues con el Aquí pasa lo contrario. Desde nuestra percepción estamos en el Aquí, sin movernos, estáticos, pero… Técnicamente eso es del todo irreal.

Tengamos en cuenta que el planeta Tierra, mientras rota sobre su eje a una velocidad de 1,675 km/h (en el Ecuador), se traslada por su órbita alrededor del Sol a la nada despreciable velocidad de 107.228km/h. Y si no contentos con eso, la NASA nos dice que el Sistema Solar, que no es pequeño, viaja alrededor de nuestra Galaxia, la Vía Láctea, a la incomprensible velocidad de 790.000 km/h. Técnicamente no podríamos decir que estar Aquí es estar estáticos, admitámoslo.

Por todo lo anterior, comentaba más arriba lo de aparentemente de estas dos dimensiones, Aquí y Ahora. De una manera “opuesta” y a la vez complementaria entre sí, cuando las observamos, aparentemente una es estática cuando la otra es dinámica. Pero a un nivel profundo o ampliado, sus características estática y dinámica se intercambian.

Hay cantidad de ilusiones que envuelven nuestra percepción. Y digo envuelven, porque son precisamente el envoltorio de nuestra conciencia más directa de las cosas. Nuestra percepción profunda está emborrachada de las jugarretas de la vida “civilizada”. Hemos adoptado, sin tan si quiera cuestionarnos, reglas que sin darnos cuenta son causantes de los principales desequilibrios con nuestro entorno. Entre ellas la Futuritis (ansiedad) o el Pasadismo (depresión).

Atención entonces a como nos contamos las cosas. Porque por ahí se dice todavía que para creerlo hay que verlo (frases del envoltorio). Pero pongamos que bastase con creerlo para después verlo como tal ¿Qué pasaría entonces? ¿Cómo serían sería nuestra vida? Obviamente, salir paradigma colectivo supone muchas veces navegar a través de la incertidumbre de las paradojas. Incluso así, las paradojas son navegables.

Aquí y ahora, la que nos apremia, es la paradoja por excelencia. La que nos adentra de lleno al laboratorio de las estructuras, que son el telón de fondo de muchos de nuestros conflictos. A través de ella podemos sentir como nos desprendemos del flujo convulso que la sociedad imprime en nosotros.

Es muy importante que la empecemos a tener muy clara y tratemos de acceder ella con ahínco. Pese a ser confusa al principio (y muchos estamos ahí), Aquí y Ahora es todo lo que hay. El pasado ya fue, el futuro todavía no existe. Todo lo que ocurrió en el pasado ocurrió en un Aquí y Ahora anterior. Todo lo que suceda en el futuro sucederá en un Aquí y Ahora posterior. Aquí y Ahora está todo tu potencial de acción y cero conflicto. Date cuenta. Siempre es aquí y siempre es ahora, bienvenida/o.

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